La Historia de un vaso (Capítulo 5)

Capítulo 5

La Gran Liberación representa la liberación de Israel en los últimos días. Abraham descubre que La Gran Liberación se concretizó en Rosh Hashaná. Abraham predica la fe en el Mesías a los cautivos liberados invitándoles a purificarse en agua, solo tres lo aceptan. Abraham rechaza la oferta del rey de Sodoma. Abraham y los fieles deciden conmemorar la fiesta de Sukot en Salem. Las Perlas del Vaso. Bienvenida festiva en Salem. El encuentro de Abraham y Melquisedec.


1 De la cima de la colina, en tanto que yo vibraba con la alegría de los cautivos en aquella mañana de liberación, oí la Voz de YHVH hablándome de en medio de la llama:

2 —“Esta liberación que hoy se concretiza, representa la liberación que he de operar en los últimos días, salvando a los remanentes de tus hijos, del cerco de numerosas naciones que se aliarán a Gog con el propósito de destruirlos. En aquel día en que triunfaren sobre mi pueblo, mi indignación será muy grande, y contenderé contra él por medio de la peste y de la sangre; lluvia  inundante, grandes rocas de granizo, fuego y azufre haré caer sobre él, sobre sus tropas y sobre sus muchos pueblos que estuvieren con él. Así, yo me engrandeceré, justificaré mi santidad y me daré a conocer a los ojos de muchas naciones; y sabrán que yo soy el Señor. Y sobre la casa de David y sobre los habitantes de Jerusalén derramaré el Espíritu de gracias y de súplicas; mirarán hacia mí a quien traspasaron, y harán lamentación como quien se lamenta por un hijo unigénito y llorarán por él como quien llora amargamente por el primogénito. En aquel día, habrá una fuente abierta para la casa de David y para los habitantes de Jerusalén, para remover el pecado y la impureza”. —

3 Consiente de la importancia histórica de aquel día de liberación, tomé un calendario y, miré con sorpresa, pues era Rosh Ha-shaná, o día de las trompetas. Aquél era el primer día de un Año Nuevo; Diez días después vendría el Yom Kipur, el día de la purificación de los pecados; En el día 15, tendría lugar la fiesta de Sukot, la alegre fiesta de las cosechas de otoño.

4 La llama que para mí se había  convertido en una representación del Mesías Prometido, se apagó en el momento en que descendí al encuentro de los pastores y de los muchos cautivos ahora liberados. Llenos de alegría y de admiración, todos querían saber como había llegado a ser posible tan grande liberación, solamente con la utilización de aquéllas antorchas y cuernos. Les hablé entonces de la importancia de aquel fuego que se había desprendido del Altar, para liberarlos en aquel valle, identificándolo como el Mesías Salvador.

5 Al ver que todos cargaban en sus cuerpos y mantos la suciedad de la esclavitud, los invité a seguirme hasta el río Jordán, donde todos podrían bañarse, para la purificación de sus pecados.

6 Solamente tres personas atendieron la invitación: Lót y sus dos hijas más recientes. Los demás, regresaron contaminados hacia sus casas.

7 Antes de partir, el rey de Sodoma vino a mi encuentro, prometiendo darme todas las riquezas recuperada en aquella mañana. Yo rechacé su oferta, para que nunca jamás alguien pudiera decir que yo me enriquecí con aquel saqueo.

8 Permanecimos acampados en los márgenes del río Jordán, en las proximidades de Jericó por doce días. En aquellos días de refrigerio, todos se hallaron libres de las impurezas, dejándolas en las aguas del Jordán. Este era un preparativo especial para la fiesta de Sukot que decidimos conmemorar en Salem.

9 Llenos de alegría, iniciamos una marcha ascendente rumbo a la ciudad de Salem, inconsciente de la feliz sorpresa que nos aguardaba. Yo seguía al frente teniendo a mi lado a Lót  y sus dos hijas, y detrás venían los 300 pastores, conduciendo  el gran rebaño.

10 A medida que avanzábamos, comencé a notar que mi vaso que se había quedado vacio al amanecer, se tornó muy pesado. Al bajarlo, miré sorprendido al descubrir dentro de él muchas perlas de variados tamaños y  brillos que se formaron misteriosamente.

11 Al ver nosotros a lo lejos la blanca ciudad, comenzamos a oír sonidos de una gran fiesta. Acordes armoniosos repercutían por los montes, mientras avanzábamos por el camino.

12 Mi curiosidad en conocer aquella ciudad y a su joven rey era inmensa, pues de boca de muchos ya había oído acerca de su grandeza y fama. Se trataba de un reino diferente de todos los demás, donde los súbditos eran entrenados no en el manejo de arcos y flechas, sino en el dominio de instrumentos musicales. Melquisedec, su joven rey, regía a todos con un cetro muy especial: un laúd, por el cual había pagado un precio elevado.

13  En tanto crecía en mí la alegría por estarnos aproximando a la Ciudad del Gran Rey, vimos una multitud vestida de lino fino, puro y resplandeciente, saliendo a nuestro encuentro. Todos traían instrumentos musicales, mientras cantaban un himno de victoria. Al frente de la multitud venía un joven tocando un laúd, trayendo en la frente una corona repleta de piedras preciosas, que brillaban bajo la claridad del sol poniente. Yo tuve la certeza de que aquél era el tan aclamado rey de Salem.

14 Al momento de nuestro encuentro, quedamos admirados con la salutación que nos hicieron; Inclinándose delante de mí, Melquisedec afirmó:

15 —“Bendito eres tú Abraham, siervo del Dios Altísimo, que posee los cielos y la tierra; y bendito sea el Dios Altísimo, que entregó a tus adversarios en tus manos”.

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